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ETICA EN LA COMUNICACIÓN CON OTROS:
Muerte, Ética y Comunicación para
Profesionales de la Salud
Joanne Cacciatore
20 de julio de 1999
(este trabajo está protegido. No reproducir
sin permiso de la autora)
Traducido por Carla Roel de Hoffmann
Muerte, Ética y Comunicación
Una mujer embarazada visita a su doctor para su último
examen antes del nacimiento de su nuevo bebé. He esperado
por largos nueve meses para la llegada de su bebé. El cuarto
ya está listo. Conejos de color rosa y borreguitos color
verde menta saltan como guardianes sobre su cuna. Los pañales
estan guardados con mucho orden cerca de las toallitas húmedas.
La pequeña ropita espera pacientemente en el ropero blanco.
La familia compró un doppler para que cada mañana
pudieran oír su latido cardiaco. Ya han escogido el nombre
de su bebita: Sarah. Sus hermanos estan sentados pacientemente en
la sala de espera, su padre lleno de orgullo. En cualquier momento
puede nacer el nuevo miembro de la familia para cambiar sus vidas
para siempre, y eso sucede.
Abrazando su vientre abultado, la mujer emerge del
consultorio a la sala de espera. Las sonrientes caritas de los niños
y del padre súbitamente se transforman en preocupación
y confusión. La mujer es incapaz de contener sus lágrimas.
La enfermera rápidamente lleva a la familia a un pequeño
cuarto. El papá espera las noticias con la respiración
entrecortada. "¿Qué pasa?" Pregunta incapaz de
contener la ansiedad. Con las mejillas llenas de ríos de
lágrimas, su pecho tan apesadumbrado que apenas puede respirar,
casi incapaz de emitir sonido alguno, ella contesta quedamente,
"El doctor no pudo encontrar el latido cardiaco de Sarah. Ella
murió".
La madre de Sarah pasará por largas horas de
doloroso trabajo de parto. Dará vida y muerte simultáneamente.
Dejará el hospital sin su hija, caminando junto al cuarto
lleno de sanos bebés recién nacidos. En unos cuantos
días, sus senos se llenarán de leche y será
un cruel recordatorio de la injusta muerte de su hija. Caminará
sinsentido por su casa, inconscientemente buscando abrazar y acurrucar
a su recién nacido. Sus brazos arderán con dolorosa
hambre de abrazarla. Sus instintos maternales la llevaran adonde
Sarah está enterrada. Se sentará sobre la reciente
tumba, llorando inconsolable mientras la tierra absorbe sus lágrimas.
Fallará en su intento de recuperación frecuentemente.
Tiene un camino largo y atormentado frente a ella. La comunidad
médica influirá fuertemente en su grado de encierro
emocional: ¿recibirá la ayuda necesaria para asistirla durante
este evento que cambió por completo su vida?
Esta escena se repite constantemente cada día.
El llamado aborto espontáneo termina con uno de cada tres
embarazos diagnosticados. El fenómeno médico de la
muerte fetal o malparto, ocurre en más de 25 000 familias
al año en Estados Unidos. Otros 17 000 bebés mueren
durante los primeros veintiocho días de vida esto debido
principalmente al nacimiento prematuro o a anormalidades congénitas
que los hacen incompatibles con la vida. La muerte de cuna (SIDS
por sus siglas en inglés) roba la vida de otros 3 000 bebés
al año. Casi todos los habitantes de los Estados Unidos conocen
a una persona que ha experimentado la muerte de un bebé por
cualquiera de estas causas. Las estadísticas son irrefutables.
La muerte de un niño(a) en una tragedia inconcebible que
causa inexorable culpa, angustia y dolor. Rompe con la unidad familias.
Este tipo de dolor no conoce palabras. De acuerdo con el terapeuta
familiar, el Dr. Martin Keller, "la muerte de un hijo es la
pérdida más profunda que una persona puede experimentar.
Como sociedad, estamos más preparados para lidiar con otras
muertes... esto causa profundos sentimientos de desorientación
que ningún otro tipo de pérdida".
Debido a que la muerte de un bebé nunca será
una experimentada agradablemente, el equipo médico puede
minimizar el horror de esta experiencia con una comunicación
ética y compasiva durante el proceso de duelo. Desgraciadamente,
muy pocos están entrenados en el impacto psicosocial de este
tipo de pérdidas. Muchos no están conscientes de sus
responsabilidades éticas después de la muerte de un
bebé. Hay un universo de trabajadores de la salud que carecen
de la capacidad de entender la básica compasión humana
y la empatía necesaria durante situaciones de crisis (Pancrazio,
1992). Esta falta de conocimiento y miedo causan que muchos abandonen
a la familia durante la crisis y que la falta de respuesta sea percibida
como inconcebible en la comunidad médica. Los estándares
éticos en medicina cambian rápidamente.
Las últimas investigaciones sugieren que una
comunicación efectiva es un factor crítico en la relación
médico-paciente. Ya no es aceptable que las enfermeras o
los doctores dejen de atender las necesidades emocionales de sus
pacientes, Lesley Fallowfield, director de la investigación
que se hace sobre la campaña psicosocial de oncología
de la Escuela de Medicina de la Universidad de Londres, entiende
la importancia de una buena comunicación. "Para Fallowfield,
la comunicación efectiva entre el doctor y su paciente es
la clave para alcanzar la mejor calidad de vida posible para las
personas con cáncer" (Bonn, 1999). Los estudios de Fallowfield
sugieren fuertemente que las mujeres son más susceptibles
a no caer en ansiedad y depresión si están satisfechas
en la forma en la que el cirujano se comunicó con ellas (Bonn,
1999). Los médicos que atienden a pacientes terminales, así
como a padres dolientes, deben emplear un protocolo ético
de comunicación. Las cualidades necesarias para estas situaciones
son compasión, honestidad, empatía, paciencia, entendimiento
y comunicación.
Mientras que el número de casos de muerte de
cuna ha disminuido exponencialmente, el aborto espontáneo,
el malparto y la muerte neonatal han aumentado. Hay métodos
prácticos y fáciles de entender para el personal médico
cuando enfrentan estas situaciones. Una comunicación ética
comienza estableciendo empatía y confianza con la familia
en crisis. Los padres en duelo nunca deben sentir que han sido abandonados
durante este tiempo. La asociación interpersonal tendrá
un impacto profundo durante su duelo.
El acrónimo LAST (por sus siglas en inglés),
es una forma sencilla para una enfermera o médico de recordar
los cuatro pasos básicos para un apoyo notable. El acrónimo
comienza con la letra "L" para recordar que se debe escuchar
(listen, en inglés) para poder brindar apoyo en lo
individual. "Escuchar a un padre en una necesidad. Se debe
dar una explicación sobre la muerte del bebé si es
que la hay. Permítanles explicar sus razones teológicas.
Invítenlos a decir y repetir su historia. Escuchen y hagan
preguntas" (DeFrain, 1991). Es la necesidad más común
del doliente de tener alguien que los escuche. Ellos necesitan decir
su historia (Rauen, 1985). Un buen oyente sabe que el silencio no
es un enemigo. Las pausas entre ideas permiten a la persona reorganizar
sus pensamientos. Esto ayudará al doliente a poner palabras
a sus sentimientos. Las preguntas abiertas son una forma maravillosa
de invitar a que se expresen sentimientos y que se comparta información.
En lugar de hacer preguntas que se respondan con un si o un no,
hay que preguntar preguntas incluyentes. Un ejemplo de una pregunta
cerrada puede ser, "¿estás enojado con tu esposa?"
Esto no permite que se expresen sentimientos más profundos.
Una pregunta más apropiada sería: ¿qué es lo
que sientes ahora?" Esto permite que el doliente explore sus
sentimientos. Los buenos oyentes entienden las conversaciones reflectivas,
una técnica que permite el espejeo. Para claridad y definición,
el oyente brevemente repite lo que entendió de lo que le
dijo el doliente.
La "A" en LAST representa reconocimiento
(acknowledgement, en inglés). Es muy importante que
el doliente sienta justificado el torbellino de emociones que le
abruman. Un médico que se burla de un final no deseado, provoca
un desorden familiar. La validación del doctor que atiende
a la familia reduce significativamente la duda y el autocuestionamiento
de la madre o del padre. Ayuda mucho que el médico enfatice
que nunca es aceptable, bajo ninguna circunstancia, que un padre
entierre a su hijo. Reducir el puente profesional se puede lograr
fácilmente si el médico se quita su bata blanca y
el estetoscopio del cuello. Entrar a la habitación de la
familia sin la bata blanca que es un símbolo clínico,
disminuya la intimidación familiar. Algunos doctores pueden
compartir que no se imaginan perdiendo a su propio bebé,
pero que entienden el profundo dolor que sienten los padres. Es
imperativo que el apoyo individual evite el uso de perogrulladas
tales como "todo pasa por alguna razón", "eres
joven, ya tendrás otros hijos" o "tu bebé
está en un lugar mejor ahora". Estos intentos sinsentido
de justificación sólo exacerban los sentimientos de
ira y de aislamiento de los padres. Las perogrulladas siempre son
inaceptables y no tienen lugar en los principios éticos.
La tercera letra, "S" se refiere al apoyo
(support, en inglés). La unión de compasión
y comunicación pueden tener un efecto monumental en el dolor
de una familia. Es una responsabilidad ética del personal
médico asegurarse de que tienen el conocimiento necesario
de los grupos de apoyo (o auto-ayuda) disponibles en su localidad
para los padres después de la muerte de su bebé. Algunos
grupos, como la Alianza SIDS, los Amigos compasivos y Padres de
Hijos Asesinados, reparten folletos en los que se establece los
lugares y las horas de las reuniones. De acuerdo con R.K. Limbo,
consejero de RTS (Resolve through Sharing), autor del libro
Cuando Muere un Bebe, el ambiente del grupo de apoyo "provee
de un ambiente seguro para que los padres puedan compartir su experiencia
con otros que han vivido una tragedia similar". Rodeándose
de otros en situaciones parecidas consuela a los padres. También
disminuye el sentimiento de aislamientos. Como dijo Thomas Jefferson,
"¿Quién mejor para vendar suavemente la herida que aquel
que ha sufrido la misma herida?"
Los padres en duelo manifestarán las etapas
del mismo duelo: negación, shock, incredulidad, confusión,
apatía, desorientación, olvido y un dolor abrumador.
Durante este periodo, es crítico que el médico esté
disponible para ofrecer apoyo y responder a cualquier preocupación
sobre la muerte del bebé. . La honestidad es necesaria para
construir confianza y empatía con la familia, El médico
debe compartir la información clínica con la familia
de una manera honesta pero entendible.
El último paso en LAST, es una forma significativa
de comunicación no verbal. La "T" representa el
tacto (touch, en inglés). El tacto es una pieza cardinal
en el rompecabezas del apoyo en el duelo. La comunicación
no verbal cuenta por más del noventa por ciento del significado
recibido (Deep, Susman, 1998). Mensajes voluminosos se transmiten
con la comunicación no verbal tales como lenguaje corporal,
actitud, contacto visual, tono de voz, expresión facial,
tacto y postura. Sin embargo, en una encuesta reciente del la Alianza
SIDS en Arizona, el tacto probó ser la forma más efectiva
de comunicación no verbal. Más del noventa por ciento
de los encuestados dijeron que ellos agradecen que el bombero, el
médico o enfermera o el trabajador social les hayan abrazado
o dado la mano. Los padres dijeron sentir una conexión especial
con ese individuo; que sintieron que la persona compartía
la experiencia con ellos. Esto les redujo el sentimiento de desconexión.
¿Alguna vez se "recupera" la familia de
la muerte de un hijo? El Diccionario Webster define la palabra recuperar
como "recibir algo que fue quitado, restituir". Muy pocos
padres dolientes dicen sentirse "restituidos". Reconciliación
es una palabra más adecuada. Y la reconciliación eventualmente
llega. Podrá tomar muchos meses o años para la mayoría.
Las familias que recibieron compasión manejan mejor el duelo.
También estar mejor equipados para integrar la muerte de
su hijo en su vida diaria. Los padres que están satisfechos
con el nivel del cuidado psicológico que recibieron están
mas capacitados para resolver los demonios universales del duelo:
la ira y la culpa.
Las circunstancias que rodean la muerte son eminentemente
complejas. Mientras que estudios recientes demuestran que las lagrimas
sanan durante el proceso del duelo, muchos mantienen la doctrina
antidiluviana que la abierta expresión de dolor es señal
de debilidad. La tecnología ha acabado con la humanidad del
dolor; la modernización ha esterilizado a la muerte.
A pesar de que muchos pioneros en investigación
psicológica luchan por un cambio gradual de actitudes, muchos
se sienten incómodos hablando de la muerte. Muchos norteamericanos
no saben el significado de la palabra "tanatología"
que es el estudio de la muerte, incluyendo cuestiones éticas.
Los tabúes acerca de la muerte cubren con muchas complejidades
el proceso de duelo de las familias. La necesidad de ética
y conciencia no termina con los trabajadores de la salud: hasta
la familia extensa y los amigos carecen de este conocimiento. Sin
embargo, en un poema acerca del amor de una madre, todo parece más
simple:
Mi bebé ha muerto.
No me digas que es para mejor, o que las cosas pasan
por una razón.
Mis sueños y mi futuro estan enterrados con
ella.
Esta impensable, inexplicable tragedia se ha vuelto
mi realidad.
Nunca seré quien una vez fui.
Mi bebé ha muerto.
No intentes consolarme con palabras mortales o con
delicias espirituales.
Nada mas importa. La amarga estación de hielo
que enfrento no puede sanar
Con curitas o con un beso
Así que por favor no trates de quitar mi
dolor. Es todo lo que queda.
Es la única emoción que puedo sentir.
Y no preguntes acerca de mi condición. No
puedo contestar con palabras vacías.
Mi bebé ha muerto.
Pero como el mundo continúa en completo olvido,
por favor detente un momento
No me impulses a abandonar su memoria. Ofrece tu
bondad
Habla a mi alma con palabras suaves. Imparte condolencia
con ojos compasivos
Porque su vida merece mi dolor ¯ y tu recuerdo.
Mi bebé ha muerto, pero no en vanidad sinsentido.
Permítele a ella llevarte más cerca
de aquellos a quien amas.
Descubre al través de su existencia lo verdaderamente
frágil de la vida.
Comparte conmigo su recuerdo. Su nombre es Cheyenne.
"Dear Cheyenne", 1996, Joanne Cacciatore
La familia de la pequeña Sarah nunca volverá
a ser la misma. Su mundo ha sido destruido por su no anticipada
muerte. Pero con un cuidado compasivo durante el duelo conforme
a la ética médica a la llegada de un nuevo milenio,
la familia de Sarah tendrá una mejor oportunidad de sobrevivir
este largo y sinuoso viaje del duelo, intacta. Ellos tendrán
recuerdos llenos de suaves adiós. Ellos agradecerán
y reflejarán a sus cuidadores el regalo de la compasión.
Puede que eventualmente, la familia de Sarah sea lo suficientemente
fuerte para otorgar los mismos regalos de compasión y bondad
que han recibido llegando a otros en duelo. El eterno legado de
un bebé que es amado, un bebé que vivió, un
bebé que importó.
Referencias
BONN, Dorothy (1999, March 13) Lesley Fallowfield: Blending Psychology
with Science
Lancet, Vol. 353, Tomo 9156, p 906 (online)
CACCIATORE, Joanne (1996), Dear Cheyenne, A Journey into Grief,
MISS Publishing, p 27 (online)
Disponible: www.missfoundation.org
DEFRAIN, John (1991) Learning About Grief From Normal Families:
Journal
of Marital and Family Therapy, Vol. 17(3) p.p. 215-232
LIMBO, Rata K. (1993), When a Baby Dies: A Handbook for Healing
and Helping, RTS Publishing, p 72
PANCRAZIO, James (1992) Sangaman State University, Springfield,
Illinois, Professor, Human Develpoment Counseling
RAUEN, K. (1985), The Telephone as a Stethoscope.
American Journal of Public Health, MCN, 10, p.p. 122-124
Webster’s Encyclopedic Unabridged Dictionary, Gramercy Books, New
York 1989
Random House Company, p 1189
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